Diosa de la madre tierra, jefa de los genios subterraneos, siempre aparece como figura de mujer bella, elegantemente vestida (en algunas leyendas de rojo), en sus apariciones a aparecido controlando dos de los cuatro elementos: envuelta en llamas y como viento fuerte o volando.
Diosa de gran poder, vive rodeada de riquezas, normalmente en cuevas. Se cree que la prodecendia de las vírgenes vascas, son en realidad, la representación de nuestra diosa, las siete andra mari (señora Mari): Aranzazu, Lierna, Eitzaga, Kizkitza, Larraiz, Erkuden y Aitziber.
Los principales poderes son los de proveer de buenas cosechas, fragua en sus cuevas las tempestades. Premia la fe de quienes creen en ella. Se la puede invocar para que acuda diciendo tres veces seguidas: Aketegiko dama (está se coloca sobre la cabeza del invocante)
Diosa a la que se debe invocar para pedir consejo o realizar un oráculo. Siempre que se haga esto los resultados resultan verídicos y probechosos.
En su culto se debe realizar anualmente, con ello se protege los cultivos de pedriscos. El animal predilecto de Mari es el carnero (antiguamente se llevaba uno a la morada de Mari como ofrenda), en la antigüedad se ofrendaba dejando monedas en las entradas de las cuevas.
Ceremonial: quien visite a Mari en su albergue, no debe sentarse aunque ella le invite a hacerlo. Debe hablar con ella tuteando y tiene que salir del lugar de la misma forma que entro, teniéndola siempre delante.
Mari quiere que sean respetadas las personas, apoya la asistencia mutua y el cumplimiento de la palabra dada. Condena la mentira, el robo, el orgullo y la jactancia.
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